Alguien nos tiene que decir quiénes son los hijos de puta

La guerra de Siria fue como un puñetazo en el ojo de occidente. Puede parecer una metáfora frívola y desacertada. Frívola sí, desacertada creo que no.

Me explico, cuando te dan un puñetazo inesperado en el ojo, te sorprendes, te pilla desprevenido. Una vez superada la sorpresa inicial empiezas a sentir el dolor, si el púgil ha sido certero y nosotros tenemos pocos reflejos el dolor puede ser realmente intenso, lo sé por experiencia.

Cuando el dolor nos ha hecho olvidar la sorpresa llega la tercera fase, la indignación, una pregunta flota en nuestra cabeza (bamboleante tras el puñetazo), una pregunta que seguro que Mourinho se sigue planteando en esas largas noches de insomnio en las que uno da vueltas y vueltas en la cama mientras intenta contar ovejitas o masturbarse, sin que tu mujer se entere, para poder dormir. ¿Por qué? ¿POR QUÉ?

Esa pregunta trataron de responderla muchos “todólogos”, nos hartamos de ver en la TV a periodistas que nunca habían pisado Oriente Medio, políticos, profesores, “Intelectuales” y demás personajillos de medio pelo que hablaban de Siria con una soltura (Y un desconocimiento) que asombraba a propios y a extraños.

Periodistas en Siria. (Foto: clasesdeperiodismo.com)
Periodistas en Siria. (Foto: clasesdeperiodismo.com)

Los únicos que desde el principio intentaron contar lo que pasaba, no lo que algunos sabelotodos pensaban que era probable que en algún momento indeterminado en medio de una terrible guerra pudiera pasar, fueron los periodistas, no los de redacción y teletipo. Durante un tiempo ellos nos explicaron los porqués, los cuándos y los cómos de la Guerra.

Pero a veces cuando te dan un puñetazo en el ojo, puedes perder la visión, si no totalmente, si de forma parcial. Si no hay periodistas en Siria, los occidentales nos quedamos ciegos. Y eso lo sabían los dos bandos, por eso Bachar al-Assad y los distintos grupos rebeldes -se calcula que hay más de 20 facciones- ahora se dedican a secuestrar, y asesinar periodistas, porque saben que como un gran periodista polaco (Kapuściński) de apellido impronunciable “Cuando se descubió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”.

Todos conocemos los casos de Javier Espinosa, que ya fue dado por muerto en la retirada de Homs, Marc Marginedas y Ricardo García Vilanova. Sin embargo, aún quedan periodistas valientes que siguen en Siria, permitiendo que no perdamos por completo la visión de lo que allí sucede. La mayoría de estos periodistas son freelances, se aventuran en territorio comanche sin coberturas, sin seguros de vida y sin chaleco antibalas. Un grupo de ellos (En su mayoría españoles) ha escrito un libro sobre la situación de los civiles. No es una tarea sencilla, hacen falta agallas.

A pesar de que su trabajo sea ingrato, peligroso, esté mal pagado y poco reconocido, no deja de ser muy importante, no solo porque nos abre los ojos, sino porque como dijo el escritor y periodista Herbert Sowthwort “Alguien tiene que decirnos quienes son los hijos de puta y quiénes los que son buena gente”. Pues eso.

Pablo Blanco | @PabloBlanco_R

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