Histéricas

Señores (y señoras) que se pasan la vida lloriqueando cada vez que un árbitro pita una falta en contra de su equipo, llamando exageradas a señoras (y señores) que se sienten ofendidos porque en una popular revista se utilice el “muy zorras” para calificar a un determinado grupo de mujeres.

Señores (y señoras) que se quejan de la tardanza del metro, del precio del cine, de las gafas sin graduar, del presidente de su comunidad de vecinos, de madrugar, de que Google se haya cargado las flechitas del scrollbar en el Chrome, del frío, del calor, de que la HBO ha asesinado a su personaje favorito, de que hay que madrugar y de que a veces llueve y a veces no, llamando exageradas a señoras (y señores) a las que les da grima leer sobre bromas sobre violaciones, o les da asco chistes sobre el físico de las mujeres gordas (en un país en el que hay, diagnosticados, 300.000 casos de anorexia o bulimia).

Señores (aquí no hay señoras) a los que no puedes llevar la contraria en cualquier conversación trivial sobre política, sociedad, relaciones, fútbol o sobre qué tema hay que hablar en un ascensor con un desconocido, porque inmediatamente le dicen a señoras (a los señores no se lo dicen) que “no te enfades” o “no es para tanto, mujer” y sólo les falta ponerse a acariciarte el cogote y darte una galletita, porque una mujer debatiendo no es una  mujer con sus propios puntos de vista, es una histérica a la que hay que calmar para que no te de la brasa y luego tampoco es plan de que haya acritud por, no se descarta, si un día te la quieres follar.

Señores (e incluso señoras) que te dice que no son machistas pero que le dicen a señoras (y señores) que cuando acaben de salvar al obrero, a la verdadera izquierda, a Siria, de acabar con el capitalismo, de salvar el planeta, de erradicar el SIDA, la malaria, el tifus, la polio, la peste negra, el lupus, de terminar con Justin Bieber, de salvar el Amazonas, a los perros, a los gatos, a las ratas, a las cucarachas, a los unicornios, a los dragones, que ya, si eso, después de TODO ESO, se pondrán con las batallas del feminismo para evitar que las mujeres sean violadas, lapidadas o asesinadas. En definitiva, que después de salvar a toda cosa importante, medianamente notoria, trivial o insignificante que haya sobre la faz de la tierra, ya se encargarán de las mujeres, de la mitad de la población, que lo primero es lo primero. Y los coños, van en la cola de las cosas importantes y de las no importantes, que os creéis.

chica-gritando

Señores, y señoras, que en definitiva se pasan la vida tratando de histéricas y exageradas a cualquier mujer que se atreve a decir que, oye, mira, mi vida es mía, que hago lo que quiero, que tengo derecho a quejarme, que tengo derecho a cabrearme, que tengo derecho a gritar, a llorar, a ser dramática, intensa, que tengo el legítimo derecho de ser insoportable porque nadie te está obligando a tener que aguantarme si no quieres.

Por  eso triunfa ese neologismo de  “loca del coño”, por eso se montó la que montó con un artículo de dos tipos que se dedican, simple y llanamente, a hacer “humor” faltando a las mujeres. Porque después de puta, el segundo adjetivo preferido para descalificar a las mujeres es el de histérica. Nuestros problemas, nuestras inquietudes, nuestros dolores, nuestros fallos y sí, nuestros defectos carecen de importancia. Las mujeres somos más guapas, inteligentes, capaces, hábiles, dulces y comprensivas que los hombres, dicen, y nos intentan camelar con semejantes tonterías, hasta que montamos un pollo, nos cabreamos, metemos la pata o cometemos equivocaciones.  La condescendencia guay de “ os amamos, chicas, sois guapísimas y el próximo 8 de marzo os regalamos flores pero, PERO, estáis todas como una cabra y sois unas condenadas histéricas”.

A todo esto le daba yo vueltas y vueltas estos días. A como ha triunfado ese concepto de “loca del coño”.  Aturdida y hastiada, pensaba una y otra vez porque se había puesto de moda ese adjetivo descalificador a una mujer posesiva, manipuladora o incomprensible, en un país en el que se mata a una mujer cada siete días.  ¿Y ellos?, decía yo. ¿No habrá hombres posesivos , manipuladores, tarados? ¿En pleno siglo XXI triunfan todavía estereotipos como la mujer que va desplumando a los pobres hombres que tienen la desgracia de enamorarse de ella? ¿Todos esos tics maniáticos, esas actitudes incomprensibles que se asocian al lococoñismo son inherentes a la condición femenina? ¿Los penes son inmunes?

Daba y daba vueltas en mi cabeza e incluso llegue a sentir hasta cierta culpabilidad, oídme. Llegué a pensar si yo era una de esas taradas de las que tanto hablan, porque yo una vez discutí en la calle con un novio. Discutimos y gritamos los dos, pero supongo que la responsabilidad caería sobre mí, ya sabéis, por eso de la vagina oligofrénica.  También me han invitado a cenar muchas veces e incluso me han llevado un fin de semana a Oporto sin pagar un duro, porque yo era estudiante (y no tenía ni ese duro). También he tenido relaciones complicadas, de ahora sí, de ahora no, de ahora un rato, pero no te pases.  Lo hice con quien quería lo mismo que yo, tenía 17 años y supongo que era lo normal, pero va a ser que no, que,  eh, es, otra vez, locacoñismo.

En fin, que ahí estaba yo autodiagnosticándome como tarada púbica. Y mira tú por donde, que me empezó a gustar. Me empiezan a caer muy bien las locas del coño. Y me empiezan a caer bien, porque creo que ya sé porque ellas son ridiculizadas, parodiadas u objeto de chistes y burlas y porque el zumbao de los cojones no.  Porque hay todavía miedo a la mujer que hace lo que le da absolutamente la gana. Porque cada vez lo hacemos más y porque no es malo. Por eso, podemos reírnos, y ser un sketch humorístico.

Porque resulta que tarados hay. Porque resulta que esos tarados no son una parodia. Porque son el resultado de una sociedad con profundas raíces patriarcales y machistas. Porque siguen existiendo, pero lo que dan es miedo, no risa. Porque la historia con el zumbao de los cojones suele acabar con que te mata a palos y él se suicida. Un total de 700 mujeres han sido asesinadas en la última década en España a manos de sus parejas o ex parejas. En cuanto a relaciones sentimentales, los únicos psicópatas son estos individuos. Ahí, cabe poca broma.

Mónica Fernández | @Pinturicchia13  

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