Desde Arosa con amor

MAX.- España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO.- ¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX.- Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

DON LATINO.- Conforme. Pero a mí me divierte mirarme en los espejos de la calle del

Gato.

MAX.- Y a mí. La deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo las normas clásicas.

DON LATINO.- ¿Y dónde está el espejo?

En Gamonal, imagino, patrimonio de la humanidad súbito. Está tardando la Unesco en poner la rúbrica perfecta al disparate de las últimas semanas. Reconozco que no he prestado mucha atención a este último esperpento patrio, y los altercados capitalinos me pillaron lejos. En Chamberí sólo nos indignamos por el ruido del camión de la basura a la una de la madrugada. La versión castiza del lechero de Churchill, que acabará siendo el de David Gistau como siga mencionándolo en una de cada dos columnas.

Concluyó Max Estrella, continuando el desbarre inicial, que el espejo está en el fondo del vaso. Lo desgarrador de los motines en calle Génova, la quema de un restaurante en Barcelona y demás delicias por una reforma urbanística en Burgos, es  que las ingeniaron individuos sobrios. Todo por un bulevar burgalés, ríete tú de la geopolítica ucraniana.

“Don Ramón María del Valle-Inclán, visiblemente preocupado.”
“Don Ramón María del Valle-Inclán, visiblemente preocupado.”

Decía también Estrella, en la duodécima escena de Luces de bohemia, que “los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento”. Hemos alcanzado tal sofisticación que ya ni cristales curvos necesitamos. Noventa años después, el cristalito del teléfono nos basta para continuar nuestra tradición grotesca.

Aprovecho esta tribuna que me conceden los miembros –no hay miembras- del consejo de esta publicación señera para rogar, urgir, ¡implorar!, a las tecnológicas del mundo que aceleren el progreso. Hay que recuperar el cántico de Marinetti a la belleza de la velocidad, que incluso queda corto a este lado del Pirineo. Si con el reflejo del cristal de toda vida ya somos así de únicos, qué maravillas no seremos capaces de parir unos que se retuerzan.

No me llega la hora del desembarco de las pantallas flexibles en la península. Ojalá una keynote del sustituto de Steve Jobs –Tim Cook, Tito Vilanova marca Apple- presentando las nuevas pantallas en el Callejón del Gato, en homenaje a don Ramón María. O, puestos a pedir, con un licor de café en mano, en su villa natal. De paso, los caballeros de Cupertino nos sacarían de una duda fundamental: ¿de dónde vino Valle-Inclán? Ni él sabía si lo alumbraron en Villanueva de Arosa –escribir Arousa, en castellano, es más de pueblo que los calcetines blancos- o en la Puebla, como dicen los nativos del Caramiñal. Tanto ir a Marte, y estos temas sin barrer. Manda carallo.

Luís Teira | @luisteira

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1 Comment

  1. Resulta curioso que cites “Luces de Bohemia” para criticar, no sola las legítimas protestas de Gamonal, sino también las de Madrid, Barcelona, Alicante… Si Valle- Inclán estuviese entre nosotros, dudo que dijera que sus espejos se encuentran en ese barrio burgalés que ha conseguido – como no se veía desde el 15M – encender la mecha del inconformismo. Aunque de posturas vacilantes, apuesto a que pertenecería a ese (casi invisible) grupo de intelectuales de izquierdas que está por el cambio.

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