Villa Odila: Éramos tan felices…

Michi Panero
Michi Panero. (Foto: 13t.org)

A Villa Odila, la casa veraniega de los Panero, la gente la conoce como “la casa del monte”. Es un lugar encantador, envuelto en un solemne silencio que solo rompen los mágicos sonidos del viento cuando arremete contra las encinas. Así, mientras paseo por el lugar, llegan ecos de El desencanto (1974), del momento en que Michi Panero narra la muerte de su padre, el gran poeta Leopoldo Panero. Una secuencia potente, formidable. Imagino aquella casa una tarde de los últimos días de agosto de 1962, con el sol y el calor presidiendo la siesta a la sombra de las encinas. Leopoldo Panero llega conduciendo su coche, uno de los pocos que había en la zona. Viene embriagado, sudoroso, con un dolor en el pecho y con problemas para digerir la copiosa comida a la que ha acudido. De la carretera hasta la entrada de la casa hay unos cincuenta metros que se hacen andando. Por ese camino, el pequeño Michi lleva ya un rato esperando la llegada de su padre para contarle cómo le ha dolido la picadura de una avispa traicionera. Pero Don Leopoldo, no está para cuentos y aparta de un manotazo al pequeño que le sale llorando al paso. Y allí se queda Michi, con su desconsuelo de niño de 10 años, enrabietado contra el padre por no atender a su quebranto. ¿Qué pudo pensar Michi en aquellos momentos? Casi seguro que pensó mucho contra el papá, el conejito blanco de sus juegos. Esa secuencia de deseos del hijo abandonado adquiere una relevancia especial porque la siguiente noticia que Michi tiene de su padre es que se ha muerto. Con un nudo en la garganta oigo a aquel muchacho vagando lloroso por Villa Odila, diciendo a quién quisiera escucharle esa letanía doliente que se ha hecho eterna: “Éramos tan felices…” Tal vez allí se quedó para siempre Michi Panero, aniquilado por el recuerdo de aquella tarde de agosto calurosa y clara, entre las encinas, con el monte en silencio.

*En Villa Odila, la finca veraniega de la familia Panero, Jaime Chávarri rodó El desencanto en 1974. Veinte años después, Ricardo Franco recorrió aquellos mismos escenarios, desvencijados por el tiempo y el abandono, para filmar Después de tantos años, otra gran película sobre la peculiar familia astorgana.

Villa Odila está situada en medio del encinar de Castrillo de las Piedras, un pueblecito a seis kilómetros de Astorga en dirección hacia Madrid. Lo que quedaba de la casa, que tenía varios edificios, una alberca y un bonito palomar, fue derribado por la mano del hombre mediados los años noventa. Lo que ahora se encuentra el visitante es el solar donde unas fotografías descoloridas dan cuenta de la finca en el pasado y de algunos momentos en que los Panero fueron felices.

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