Línea 3

No voy a hablaros del metro a Moncloa, por el riesgo de acabar escribiendo un artículo rajoyesco. Concluyendo que no actuar es en sí actuar, o que no decidir sobre un tema implica una decisión sobre el mismo.

Tampoco se refiere el título a ese carril invisible por el que cabalga Pepe, con su luenga cabellera, del uno al otro confín de las Españas. Y ojalá campase igual por las Europas. Sobre el estruendoso zaguero madridista –estruendo y madridismo, menudo pleonasmo- en el que hasta el dorsal es absurdo, lo ha dicho todo Calderón de la Barca.

Hipogrifo violento,
que corriste parejas con el viento,
¿dónde, rayo sin llama,
pájaro sin matiz, pez sin escama,
y bruto sin instinto
natural, al confuso laberinto
de esas desnudas peñas
te desbocas, te arrastras y despeñas?

Aun sin destacar por mi humildad, no he elegido el “Línea 3” porque estemos ante un artículo perfecto, de triangular simplicidad, un trípode para el pensamiento contemporáneo, uno y trino. Podría ser interesante hablar de la simbología del número, o de la genial enmienda introducida por la Real Academia Española de la Lengua en su primera acepción. Ya no es “dos más uno”, en el Diccionario, sino “dos y uno”. Quisiera agradecer la puntualización, desde esta tribuna, a los académicos de nuestro tiempo. Nunca tantos habían debido tanto a tan pocos, que diría Churchill, cuya capacidad para el eslogan estuvo casi a la altura de aquélla del pontevedrés en Moncloa.

Liberty3

Sería consecuente con el tono pedante del texto tirarme el moco hablando de los tres monos sabios. Este símbolo, lamentablemente para quienes lo conocíamos desde el El planeta de los simios de Kubrick, ha dejado de ser un recurso para dárnoslas de intelectuales. No hay forma de citar el origen japonés de los tres monos, comentar su significado en la película o explicar que representan las tres caras de no-sé-qué deidad japonesa. Es inútil. Cuánto dolor ha provocado el que decidió introducir los monos que no ven, no oyen y no hablan en el repertorio de iconos de Whatsapp. Como diría Heston en la playa final –arena, eterno epílogo-, “¡maniáticos! ¡Os maldigo a todos! ¡Maldigo los teléfonos inteligentes! ¡Os maldigo!”.

¿Qué he venido a contaros en este mi tercer sermón, entonces? Pues nada. Si os descubriese un pedacito de la vida cada vez que escribo, se viciaría nuestro amor. Qué bonito es escribir y no decir nada, pegaros un pequeño paseo, esbozar cuatro garabatos que mueren sin pasar de párrafo. ¿Y qué decir de leer un texto vacío? Se han escrito toneladas de poemas al paisaje castellano, su soledad sonora y su música callada, así que no contar nada es ya un hermoso cuento.

Y así, tan marianita, tan lejos de mis intenciones, cierro. Para que veáis que la vida no es sueño, es una carallada.

Luis Teira | @luisteira

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