Nymphomaniac: Filias y obsesiones de Lars von Trier

Te acomodas en el cine con altas expectativas, estás frente a una obra de Lars von Trier. La pantalla se vuelve completamente negra, el sonido del agua cayendo por las tejas es hipnótico, aparece una mujer tirada en el suelo en un ambiente silencioso donde sólo se oye la lluvia y de repente Führe Mich de Rammstein rompe radicalmente con el silencio. Ya sabes que, a partir de ahí, nada va a salirle mal a von Trier.

Primera escena de Nymphomaniac
Primera escena de Nymphomaniac

El universo del director danés es un universo único, repleto de historias poco convencionales y cargado de fobias y obsesiones. Un tipo que se creó en una comunidad nudista de izquierdas donde se dejaba a un lado la educación tradicional para potenciar cualquier expresión artística. Un tipo que añadió ‘von’ a su nombre para homenajear a Erich von Stroheim y a Josef von Sternberg. Un tipo peculiar y tal vez único en resumidas cuentas.

Sexo, música clásica, paralelismos, descaro, pesca, diálogo, poesía, fotografía; todo esto conjugado es Nymphomaniac. Lars von Trier tiene sus admiradores y tiene sus detractores, pero es innegable que hace una obra de arte basándose en una historia repleta de crudeza. Joe, interpretada genialmente por Stacy Martin y Charlotte Gainsbourg, es una ninfómana que se autodiagnóstico como tal por su atracción con el sexo desde pequeña. Ahora se atreve a contarlo a su interlocutor inesperado, el solterón Silegman interpretado por Stellan Skarsgård, que la comprenderá e incluso hará que no se sienta tan culpable de lo sucedido en estos años. El relato de Joe a Silegman se divide en 8 capítulos de los cuales, en el Volumen 1, vemos 5. La obra maestra de von Trier, que ya comenzó cuando sonó a toda pastilla Rammstein, se asienta, se madura hasta dejarnos con los ojos como platos.

El reparto de Nymphomaniac con Lars von Trier en el centro
El reparto de Nymphomaniac con Lars von Trier en el centro

Joe se manifiesta en contra del amor y utiliza el sexo para combatirlo. Una sociedad obsesionada con el amor, con la necesidad de buscarse una compañía, una ‘media naranja’; todo eso lo pisotea y destroza Joe al más puro estilo de Eugenie de Sade. El Divino Marqués lanzaba su famosa tesis sobre el libertinaje femenino: “Mujeres demasiado tiempo contenidas en las ataduras absurdas y peligrosas de una virtud fantástica y de una religión repugnante, imitad a la ardiente Eugenia; destruid, pisotead, con tanta rapidez como ella, todos los preceptos ridículos inculcados por imbéciles padres.” Nuestra Joe no solo destruye “los preceptos ridículos inculcados” sino que también pretende destruir el concepto de amor. Llegando a crear una especie de secta sexual en la que la única premisa que hay es no hacer el amor con el mismo hombre más de una vez y en la cual la única divinidad es la vulva. Todo esto se verá desarrollado en el capítulo de Jerome pero no entraremos a desgranar más los entresijos de la obra.
Para terminar, destacar especialmente la actuación de Stacy Martin y la breve aparición de Uma Thurman. Por el contrario, Christian Slater nos deja una de las escenas dramáticas más cómicas del cine con una actuación un poco lamentable.

El director danés pone de manifiesto en Nymphomaniac su fuerte personalidad creativa que lo convierte en uno de los creadores cinematográficos más influyentes de la actualidad. Recomendabilísima obra de arte.

Andrés Martín | @AndresRublev

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