Samuel Eto’o y el hombre que mató a Liberty Valance

Hubo un tiempo en el que el Oeste dejó de ser sitio para vaqueros, para aquellos que desayunaban bistec y vestían camisa de manga corta en invierno. El nuevo orden trajo el progreso, pero también se llevó consigo la época en que hombres como Al Swearengen dictaban las leyes.

Ese Western sin espaguetis veía su fin, el ferrocarril no solo traería hermosas mujeres de tez blanca y educados modales que acabarían ablandando el corazón del Sheriff, aquellas vías eran la imagen del  cambio,  el símbolo del paso del tiempo y el fin del gobierno de los hombres por el de las leyes. Las armas dejaron su lugar  a los libros y los niños que siempre soñamos ser fieros piratas o valientes vaqueros tuvimos que conformarnos con hacer de los tribunales nuestro campo  de batalla, resignándonos a ser justicieros con toga.

John Wayne en "El hombre que mató a Liberty Valance.
John Wayne en ‘El hombre que mató a Liberty Valance’.

En esa situación se encontraba Eto’o el verano del 2008. Mientras España desterraba sus fantasmas en Austria, Samu escuchaba que su época había pasado, que el nuevo Barça no era equipo para viejos.  

Guardiola lo sabía, lo tuvo claro desde el principio, no se podía construir sobre las ruinas de un pasado que ya no volvería. El equipo de Messi debía nacer de Leo y no basarse en los últimos cascotes del conjunto de Rijkaard. “Deco, Ronaldinho y Eto’o no están en nuestra mente. Planificamos la plantilla sin ellos”. Sin embargo, si alguien pensaba que el 9 del Barça iba a recoger sus bártulos y hacerse a un lado es que nunca lo había visto presionando al portero rival, dejándose el alma en cada carrera.  Así, como aquellos héroes orgullosos que se resisten a dejar la batalla cuando todo está perdido, Eto’o eligió hacer lo que siempre había hecho, luchar. En su primer partido, cuando todas las miradas estaban puestas en él, marcó dos goles  dejando claro que no había olvidado su oficio y que no iba a vender barata su derrota. Aquel nuevo equipo nunca sería el suyo, su momento había pasado, pero él, que había sido la mano derecha del Sheriff, antes y después de que este último pasara a frecuentar demasiado el Saloon, se negaba a admitirlo y requería el momento de gloria que sabía que le esperaba.

En una de las mejores temporadas de su carrera, Samuel lideró la única presión física del Barça de Guardiola, su rabia era la que aquel equipo que daba sus primeros pasos, que quería comerse la historia y estaba dispuesto a lograrlo. Pero tarde o temprano el momento que Pep Guardiola había vislumbrado llegaría. De modo que primero contra el Betis y finalmente el dos de mayo en el Santiago Bernabéu,  Eto’o dejó su sitió en la punta del ataque a Leo. El ferrocarril había llegado y en aquel tiempo no había sitio para John Wayne.

Samuel Eto'o y el hombre que mató a Liberty Valance
Samuel Eto’o y el hombre que mató a Liberty Valance (Foto: ecosdelbalon.com)

Roma 27 de Mayo de 2009

Tras escuchar en el vestuario los acordes de Gladiator y comprobar cómo Russel Crowe levantaba la cabeza diciendo “Me llamo Máximo Decimo Meridio”, Samuel salió al campo en el que sería su penúltimo partido con la camiseta blaugrana.

Durante diez minutos que resultaron eternos el equipo de Guardiola vio como el United asediaba incesantemente la portería de Víctor Valdés, mientras  Cristiano Ronaldo ponía a todos los culés el corazón en un puño.  Entonces, cuando parecía que Liberty Valance iba a dar al traste con aquel futuro que James Stewart representaba, aquellos nuevos tiempos que sabía que nunca serían los suyos, Samuel Eto’o vio el espacio, corrió hacia él y Andrés le entregó la pelota, la controló y con un quiebro, él, que nunca supo regatear,  dejó sentado al que según muchos era el mejor central del mundo. Se quedó frente a Van der Sar, lo miró a los ojos y disparó, el resto es historia.

En aquella historia la foto es Leo con la bota en la mano corriendo hacia la banda, es Pep manteado sobre el césped romano, es Puyol levantado la copa al cielo dando paso a la etapa más gloriosa de la historia del club. Ni rastro de aquel disparo.

En verano puso fin a su etapa en España, cambiaría Barcelona por Milán,  en una decisión que los años han mostrado acertada. Se fue para que ambos siguieran ganando.   Pero algún día, los protagonistas se reunirán de nuevo y se pararán a contar la historia del hombre que aquella noche batió a Van der Sar. Entonces, cuando hayan terminado, se romperá el silencio y se escuchará aquello de ” When the legend becomes fact, print the legend”.

Juan Díaz Villar | @JuanDV14

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