Dime qué lees

El otro día me encontraba en la sala de espera de un centro médico. Cuando llevaba ya una hora apoltronado en una butaca cuya tapicería había vivido tiempos mejores, cuando el desánimo y la desidia me abatían, me dediqué a fijarme en las personas congregadas en esa suerte de limbo contemporáneo.

Entre aquellos rostros fúnebres me llamó la atención el de una mujer de mediana edad, atractiva y elegantemente vestida. Sostenía un libro cuyas portada, lomo y contraportada ocultaba hábilmente mediante una bolsa de tela azul. Cada cierto tiempo la mujer levantaba los ojos de aquellas páginas que leía con fruición, realizaba un giro de cabeza de ciento ochenta grados para escrutarnos con su mirada y volvía a su rutina.

La señora en cuestión me producía curiosidad. ¿Ocultaba el contenido del libro por alguna razón especial, o se trataba simplemente de una de esas personas a las que les desagrada que los demás sepan qué leen? Me levanté, pasé cerca de ella para intentar ojear rápidamente el contenido de las páginas. No hubo resultado. Di la vuelta, volví a pasar delante de ella, mi mirada en el libro. Nuevo fracaso, la vista no me da para tanto.

Dime qué lees. (Foto: beevoz.com)
Dime qué lees. (Foto: beevoz.com)

Pero ay, la suerte me sonrió. De vuelta a la butaca mugrienta y frustrado por no haber cumplido mi misión, una enfermera llamó a mi señora y le conminó a entrar en la consulta. Cuando se levantaba y disponía a dirigirse a la puerta tras la cual le esperaba la doctora el libro cayó de sus manos. Una vez en el suelo, la sorpresa quedó desvelada: Belén Esteban nos miraba desde el parqué. ¡Conque era ése el preciado objeto de deseo, aquello que los demás no debíamos ver!

La señora, mi señora, azorada, recogió el libro en un movimiento hábil, plástico y vertiginoso que ni Nadia Comăneci, abrió la puerta y desapareció durante un tiempo, rato que dediqué a hacerme preguntas sobre lo que acababa de ocurrir. ¿Le avergonzaba que los demás supiéramos que estaba leyendo a la de San Blas? ¿Recurriría a su bolsa de camuflaje azul si su lectura fuera las Geórgicas de Virgilio? ¿Tendrá el libro de la Esteban segunda parte?

Todas estas cuestiones me condujeron a la marca España, a la manidísima marca España, concepto que ya no se toman en serio ni sus promotores. En un año en el que políticos, periodistas y demás han demostrado que la marca España es un concepto discutido y discutible (sic), el hecho de que el libro de la princesa del pueblo sea el más vendido –con más de cien mil ejemplares y una séptima edición en curso- ha servido para que la marca España sea nuevamente objeto de escarnio público.

libros
Dime qué lees (Foto: caracteresocultos.blogspot.com)

Actitudes prácticamente inherentes al español son la autoflagelación y la consideración de sí mismo como un ser radicalmente distinto de sus vecinos allende los Pirineos. Pero este castigo que se inflige tiene trampa, pues lo realiza de cara a la galería. Los golpes que se da en la espalda valiéndose de fusta son leves y no salen del ámbito del bar.

La marca España no es sustancialmente diferente de la inglesa o la francesa. Si nos basamos en qué libro es el más exitoso en cada país, resulta que en Reino Unido el más vendido (siempre basándonos en datos de Amazon) es uno que presenta una dieta llamada 5:2, dicen que revolucionaria. Por otro lado, en el país de nuestros vecinos del norte arrasa el libro “La femme parfaite est une connasse!” (en román paladino, “La mujer perfecta es una gilipollas”). Se trata de una guía que persigue el triunfo de la mujer “normal”. Se deduce que ninguno de estos libros engrosará la lista de imprescindibles en la historia de la literatura universal, pero las voces que desde aquí se alzan para hablar de marca Francia y marca Reino Unido son inexistentes.

No seré yo quien repruebe el hecho de que sean estos tres los libros más vendidos en España, Francia y Reino Unido. Estoy convencido de que, guardando el equilibrio, se puede combinar a Belén Esteban y a Dostoievski. O al menos mi escasa experiencia así me lo indica. Mientras tanto, éste que escribe seguirá pensando que la verdadera marca España es esa propensión hacia el hecho diferencial: el de un país que sigue empeñado en considerarse rara avis y que desconoce que, ante todo, es europeo y comparte con este continente unos hábitos culturales más comunes que lo que quiere reconocer. Ningún hombre es una isla, decía el poeta inglés John Donne. Tampoco lo es España.

Carlos Hortelano | @CarlosHortelano

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14 Comments

    1. Moli, una experta como tú en viejunismo debería saber que hay veinteañeros con rasgos viejunos 🙂
      El artículo es muy bueno. Ahora bien, que se pueda combinar Belén Esteban con Dostoievski… en fin, no sé yo. Es como ser vegetariano y carnívoro a la vez. En literatura creo que lo de “qué bien me come mi hijo” no vale.
      En cualquier caso, me ha gustado mucho la reflexión.

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      1. XD Diego…reconoce que lo de Nadia es para gente de más de 35…o también puede ser que el autor sepa que va a tener lectores de más de 35 y busque el guiño.

        Yo dudo mucho que se pueda combinar Belen Esteban y Dostoievski…sobre todo porque qué tipo de lector eres si al llegar a la tienda decides gastarte el dinero en Belen Esteban y no en yo qué se…¿un ensayo de Tony Judt o una novela de Amos Oz? probablemente el tipo de lector que conoce a Belen Esteban pero ni a Judt ni a Oz.

        A mí me ha gustado la relfexión sobre la marca…en Francia y en Inglaterra ocurre lo mismo.

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    1. Moli, una experta como tú en viejunismo debería saber que hay veinteañeros con rasgos viejunos 🙂
      El artículo es muy bueno. Ahora bien, que se pueda combinar Belén Esteban con Dostoievski… en fin, no sé yo. Es como ser vegetariano y carnívoro a la vez. En literatura creo que lo de "qué bien me come mi hijo" no vale.
      En cualquier caso, me ha gustado mucho la reflexión.

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      1. XD Diego…reconoce que lo de Nadia es para gente de más de 35…o también puede ser que el autor sepa que va a tener lectores de más de 35 y busque el guiño.

        Yo dudo mucho que se pueda combinar Belen Esteban y Dostoievski…sobre todo porque qué tipo de lector eres si al llegar a la tienda decides gastarte el dinero en Belen Esteban y no en yo qué se…¿un ensayo de Tony Judt o una novela de Amos Oz? probablemente el tipo de lector que conoce a Belen Esteban pero ni a Judt ni a Oz.

        A mí me ha gustado la relfexión sobre la marca…en Francia y en Inglaterra ocurre lo mismo.

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  1. Está claro. Yo he tenido que buscar el nombre en internet porque me considero un veinteañero en mis años.
    Aunque inevitablemente pienses en en el comentario que hice en tu blog cuando diga lo que voy a decir, Foster Wallace era adicto a la telebasura, como también le pasaba a Bolaño, que adoraba escribir mientras veía programas tipo Gran Hermano. Y en Foster Wallace se encuentra un caso parecido a lo que dice Carlos. No sé si en (tu) “Algo supuestamente…” cuenta cómo se las apaña para comprar libros de mierda sin parecer un inculto (cuando llega a caja el malo lo coloca debajo, así la gente sólo ve lo que hay arriba). De todos modos, creo que por muy malo que sea un libro nunca podrá llegar tan bajo como el de Belén Esteban (y hablo sin conocimiento porque ni lo he ojeado, me da vergüenza). Y Wallace compraba biografías de tenistas, no de famosetes. Pero bueno, ahí queda.

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    1. En mi “Algo supuestamente divertido”…no venía eso sobre su compra de libros malos…pero lo buscaré, mi relación con DFW no ha hecho más que empezar….seguiré leyéndole este año seguro.

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  2. Está claro. Yo he tenido que buscar el nombre en internet porque me considero un veinteañero en mis años.
    Aunque inevitablemente pienses en en el comentario que hice en tu blog cuando diga lo que voy a decir, Foster Wallace era adicto a la telebasura, como también le pasaba a Bolaño, que adoraba escribir mientras veía programas tipo Gran Hermano. Y en Foster Wallace se encuentra un caso parecido a lo que dice Carlos. No sé si en (tu) "Algo supuestamente…" cuenta cómo se las apaña para comprar libros de mierda sin parecer un inculto (cuando llega a caja el malo lo coloca debajo, así la gente sólo ve lo que hay arriba). De todos modos, creo que por muy malo que sea un libro nunca podrá llegar tan bajo como el de Belén Esteban (y hablo sin conocimiento porque ni lo he ojeado, me da vergüenza). Y Wallace compraba biografías de tenistas, no de famosetes. Pero bueno, ahí queda.

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    1. En mi "Algo supuestamente divertido"…no venía eso sobre su compra de libros malos…pero lo buscaré, mi relación con DFW no ha hecho más que empezar….seguiré leyéndole este año seguro.

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  3. Alternar a Belén Esteban y a Dostoievski solo lo entiendo si la enigmática señora del texto se dedicara, por ejemplo, a la crítica literaria y lee el libro antes de escribir sobre ella.

    Cuando en estos días leo o escucho alusiones al libro de B. Esteban, independientemente de quién haya escrito el libro, recuerdo a una profesora que tuve y que nos incitaba a leer. “Aunque sean tebeos”, nos decía.

    El éxito de este libro era previsible. Una señora que sale todos los días por televisión, que está en muchas revistas y enmás conversaciones, es previsible que su producto se venda como rosquillas. Si Cristiano Ronaldo escribiera un libro, sucedería algo similar. Hay que considerar que los libros pueden ser un vehículo cultural pero que también son productos comerciales, artículos de consumo. Por otra parte, la publicidad que directa o indirectamente se hace sobre este producto es descomunal.

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  4. Alternar a Belén Esteban y a Dostoievski solo lo entiendo si la enigmática señora del texto se dedicara, por ejemplo, a la crítica literaria y lee el libro antes de escribir sobre ella.

    Cuando en estos días leo o escucho alusiones al libro de B. Esteban, independientemente de quién haya escrito el libro, recuerdo a una profesora que tuve y que nos incitaba a leer. “Aunque sean tebeos”, nos decía.

    El éxito de este libro era previsible. Una señora que sale todos los días por televisión, que está en muchas revistas y enmás conversaciones, es previsible que su producto se venda como rosquillas. Si Cristiano Ronaldo escribiera un libro, sucedería algo similar. Hay que considerar que los libros pueden ser un vehículo cultural pero que también son productos comerciales, artículos de consumo. Por otra parte, la publicidad que directa o indirectamente se hace sobre este producto es descomunal.

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