Apología del plagio

“Plagiarism is necessary. Progress implies it.”

Guy-Ernest Debord

Si Jacobi Thomasius y Johnan- Michael Reinelius dedicaron más de 400 páginas a disertar sobre el plagio literario en su obra Dissertatio Philisophica de Plagio Literario (Lipsiae [Leipzig, 1673]), no encuentro razón alguna para escribir sobre ello pues, aparte de ser tachado de plagiador, apuesto a que no llegaré ni a entender los impulsos racionales que llevaron a estos dos tipos a dedicar una tesis doctoral al (para algunos) innoble arte de echar ojo a papel ajeno.

Tres siglos después, en 1984, se celebró en Londres el Festival de Plagio, al que siguieron algunas ediciones en Inglaterra y Estados Unidos. En España, sólo un personaje con melena y chupa de cuero aficionado al pollo frito se interesó por ello, aunque con un eslogan opuesto al que propugnaban los festivaleros del plagio.

Apología del plagio
Apología del plagio

Stewart Home, un hombre calificado como “the only person on earth who is visible to the naked eye from outer space!”, decidió escribir un panfleto a raíz del Festival de Plagio de Londres, cuyo título está en las antípodas de ser una invitación a su lectura: Plagiarism. Art as Commodity and Strategies for its Negation. Por supuesto, todos los asistentes debieron leerlo antes de debatir sobre el tema, a diferencia del que escribe estas líneas que está echándole un ojo por encima al tiempo que descubre que el plagio es más apasionante de lo que en un principio parecía. Stewart Home reúne textos de diferentes autores acerca de la originalidad, la creatividad, el porqué del plagio, el progreso… poniéndose el tema al rojo vivo cuando el sistema capitalista y la cultura de masas entran en escena para sustentar la oposición (por obligación) al plagio en todas sus vertientes, adquiriendo forma de mantra para artistas y amantes de la cultura.

Sentimos predilección por nuestro nombre, por nuestro trabajo. Nos derrite palpar el reconocimiento, por mínimo que sea, cuando algo de lo creado repercute en la sociedad, independientemente del radio de acción.  Gran parte de la culpa la tiene el sistema en el que vivimos, el cual coloca al individuo por encima del conjunto, haciendo creer al primero  que no hay nadie como él, que el mundo se para cuando respira, mira u opina. El efecto alucinógeno se disipa pasado un tiempo  (para algunos) y nunca (para otros), dejando a la vista el mecanismo que hace funcionar la maquinaria del mundo: dos engranajes contrapuestos, individuo y obra, luchando por ser el ganador de la vuelta y responsable del destrozo provocado en el otro. Algo así como luchar contra uno mismo, contra tu nombre o contra tu obra.

Doris Lessing descubrió ese mecanismo cuando mandó bajo remitente desconocido su monumental novela El cuaderno dorado. La respuesta del editor tras ver la montaña de hojas de una desconocida no se hizo esperar: No. ¿Por qué? Porque el editor, si es que todavía le podemos seguir llamando así, se había quedado con la opción fácil del sistema, detectar el nombre, y no con la difícil, la obra. En su imagen del mundo, el engranaje de la individualidad había vencido al del conjunto.

Stewart Home
Stewart Home

Centrándonos en el injusto campo de la literatura, podríamos imaginar un mundo editorial en el que los nombres no figurasen, sólo las obras. Los candidatos a escritor y los que consiguieron hacerse con ese oficio, competirían en igualdad de condiciones por ver su obra publicada. No importarían los nombres, sólo la obra. Esa concepción de la edición, siempre y cuando fuese tomada con buen criterio, nos permitiría crear la literatura con la que soñaba Paul Valéry:

“La historia de la literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de sus carreras o de la carrera de sus obras, sino la historia del espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor”

Tampoco habría que optar por la supresión del nombre del autor. Todos sabemos que es inherente al ser humano querer ser reconocido y reconocer al que lo merece. Pero en un sistema en el que la individualidad no tuviera la importancia que tiene en éste, aparte de gozar de una mejor literatura, no veríamos el plagio creativo con los mismos ojos. Y no me refiero a copiar o robar ideas, o a aprovecharse (tal y como sucede hoy en día) del trabajo de terceros, los mal llamados negros, para escribir lo que el firmante no puede o no sabe. Me refiero a tomar ideas de los grandes, desde argumentos a personajes, pasando por el estilo. ¿No sería el mejor regalo para un autor ser objetivo de los plagiadores?

Vivimos tan sumergidos en nosotros mismos que no comprendemos que es imposible evitar el plagio creativo. Es inherente, tal y como señalaba  Guy-Ernest Debord, al progreso. Si pretendemos que nuestro arte avance, es necesario mirar desde hombros de gigantes, imitarles, copiarles, pretender pasar por ellos para que, tarde, temprano o nunca, salga algo nuevo, semilla de nuevas tendencias y, por qué no, plagios. Sólo así seremos capaces de construir el poema infinito de Mary Shelley, aquel que está formado por todos los poemas del pasado, del presente y del porvenir.

Diego Duque

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12 Comments

  1. Desde hace tiempo todo está dicho y registrado. Todos está escrito en los libros, impreso en las hemerotecas, copiado en la blogosfera. Plagiar es un arte; algo tan simple como como rescatar con trucos y estrategias aquellos elementos que más interesan al plagiador y revestirlos con apariencia de originalidad. Lo prudente sería aceptar que si no se tiene nada nuevo que decir, no se diga. Pero siempre siempre hay matices, apostillas y formas diferentes de expresarlo. En todo caso, plagiar implica un reconocimiento y admiración por la obra que se plagia. ¿El límite? De ponerlo, lo situaría en el aprovechamiento intelectual y/o económico. Para quien escribe un blog, pongo por caso, sería un enorme orgullo que alguien valorara tanto lo que escribes como para dignarse a copiarlo y firmarlo como propio.

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    1. Por supuesto, Juan. El límite tiene que ser el aprovechamiento intelectual y/o económico. Una cosa es inspirarse en alguien, contar la misma historia de otra manera, copiar personajes para darles una vuelta, y otra distinta es robar ideas para obtener beneficio económico (o no).
      En el caso de la música el plagio es evidente. Los grupos dentro de un mismo estilo ( y a veces incluso entre estilos) se copian unos a otros, aunque introducen matices que les diferencian. Ellos dicen que están influenciados porque la palabra plagiar tiene una connotación negativa, y así lo define la RAE: Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.
      En fin, como bien dices: todo está dicho y registrado.

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  2. Desde hace tiempo todo está dicho y registrado. Todos está escrito en los libros, impreso en las hemerotecas, copiado en la blogosfera. Plagiar es un arte; algo tan simple como como rescatar con trucos y estrategias aquellos elementos que más interesan al plagiador y revestirlos con apariencia de originalidad. Lo prudente sería aceptar que si no se tiene nada nuevo que decir, no se diga. Pero siempre siempre hay matices, apostillas y formas diferentes de expresarlo. En todo caso, plagiar implica un reconocimiento y admiración por la obra que se plagia. ¿El límite? De ponerlo, lo situaría en el aprovechamiento intelectual y/o económico. Para quien escribe un blog, pongo por caso, sería un enorme orgullo que alguien valorara tanto lo que escribes como para dignarse a copiarlo y firmarlo como propio.

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    1. Por supuesto, Juan. El límite tiene que ser el aprovechamiento intelectual y/o económico. Una cosa es inspirarse en alguien, contar la misma historia de otra manera, copiar personajes para darles una vuelta, y otra distinta es robar ideas para obtener beneficio económico (o no).
      En el caso de la música el plagio es evidente. Los grupos dentro de un mismo estilo ( y a veces incluso entre estilos) se copian unos a otros, aunque introducen matices que les diferencian. Ellos dicen que están influenciados porque la palabra plagiar tiene una connotación negativa, y así lo define la RAE: Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias.
      En fin, como bien dices: todo está dicho y registrado.

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  3. el plagio tiene también una vertiente imitadora que puede llevarle hacia una reproducción ilimitada de la obra original para hacerla perdurar en el tiempo. Desde este punto de vista sería un obstáculo para la creatividad pues los autores quedarían delimitados por una idea ajena. El ejemplo más evidente lo encontramos en el pensamiento político pues todavía nos manejamos con las ideologías del siglo XIX. Por otro lado, no debemos olvidar en qué modo de producción de conocimiento nos estamos moviendo: individual, como la empresa con ánimo de lucro, o colectivo, en el que prima el beneficio comunitario.

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  4. el plagio tiene también una vertiente imitadora que puede llevarle hacia una reproducción ilimitada de la obra original para hacerla perdurar en el tiempo. Desde este punto de vista sería un obstáculo para la creatividad pues los autores quedarían delimitados por una idea ajena. El ejemplo más evidente lo encontramos en el pensamiento político pues todavía nos manejamos con las ideologías del siglo XIX. Por otro lado, no debemos olvidar en qué modo de producción de conocimiento nos estamos moviendo: individual, como la empresa con ánimo de lucro, o colectivo, en el que prima el beneficio comunitario.

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  5. Está claro que todos plagiamos de forma inconsciente puesto que nos alimentamos de todo lo anterior, otra cosa es el plagio deliberado, ese me parece mal, con lo fácil que es citar. Y es cierto que nos damos demasiada importancia a nosotros mismos y a nuestros pensamientos, la ausencia de ego es difícil de alcanzar, pero también que molesta y bastante que te copien y otro se lleve los méritos. Seguro que a Paul Valery no le hubiera gustado que esa idea suya sobre lo que tendría que ser la literatura universal se la atribuyeran a otro.

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  6. Está claro que todos plagiamos de forma inconsciente puesto que nos alimentamos de todo lo anterior, otra cosa es el plagio deliberado, ese me parece mal, con lo fácil que es citar. Y es cierto que nos damos demasiada importancia a nosotros mismos y a nuestros pensamientos, la ausencia de ego es difícil de alcanzar, pero también que molesta y bastante que te copien y otro se lleve los méritos. Seguro que a Paul Valery no le hubiera gustado que esa idea suya sobre lo que tendría que ser la literatura universal se la atribuyeran a otro.

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  7. La frontera entre plagio, homenaje, versión y demás es en muchas ocasiones tan difusa que no sabe uno si “El Jinete Pálido” es o no un “remake” de “Raíces Profundas”.

    Pero esto vale, la misma historia, con alguna escena calcada, pero Clint la hace suya, siendo la misma historia no parece en absoluto un pagio, de hecho hay muchos que no la consideran ni remake.

    Meterle algo personal al asunto, hacer otra historia tuya, versionear “La Iliada” no puede ser plagio, tomar un texto y publicarlo como tuyo es el verdadero plagio, incluso cambiando alguna palabra para que no se note, es la intención.

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    1. Yo creo que el problema está en la connotación que tiene la palabra plagio. Eva ha dicho que “también molesta y bastante que te copien y otro se lleve los méritos”. No creo que el plagio haya que entenderlo así. Si te copian es porque eres referencia. Nadie copia a un desconocido porque no marca tendencia. Y si le copian es robo, puesto que el desconocido no ha tenido oportunidad de beneficiarse de su idea.
      Yo entiendo el plagio como tú has dicho, algo del estilo de Clint o El pecho de Philip Roth (http://es.wikipedia.org/wiki/El_pecho) que es un plagio creativo de La metamorfosis de Kafka. En el cine el plagio es una realidad y nadie se escandaliza, como sí sucede en la literatura.
      Parece que cuando es evidente que se ha copiado, está permitido, mientras que cuando es más rebuscado, es delito. Es algo que no logro entender.

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  8. La frontera entre plagio, homenaje, versión y demás es en muchas ocasiones tan difusa que no sabe uno si "El Jinete Pálido" es o no un "remake" de "Raíces Profundas".

    Pero esto vale, la misma historia, con alguna escena calcada, pero Clint la hace suya, siendo la misma historia no parece en absoluto un pagio, de hecho hay muchos que no la consideran ni remake.

    Meterle algo personal al asunto, hacer otra historia tuya, versionear "La Iliada" no puede ser plagio, tomar un texto y publicarlo como tuyo es el verdadero plagio, incluso cambiando alguna palabra para que no se note, es la intención.

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    1. Yo creo que el problema está en la connotación que tiene la palabra plagio. Eva ha dicho que "también molesta y bastante que te copien y otro se lleve los méritos". No creo que el plagio haya que entenderlo así. Si te copian es porque eres referencia. Nadie copia a un desconocido porque no marca tendencia. Y si le copian es robo, puesto que el desconocido no ha tenido oportunidad de beneficiarse de su idea.
      Yo entiendo el plagio como tú has dicho, algo del estilo de Clint o El pecho de Philip Roth (http://es.wikipedia.org/wiki/El_pecho) que es un plagio creativo de La metamorfosis de Kafka. En el cine el plagio es una realidad y nadie se escandaliza, como sí sucede en la literatura.
      Parece que cuando es evidente que se ha copiado, está permitido, mientras que cuando es más rebuscado, es delito. Es algo que no logro entender.

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