La flauta maldita de Apolo

Apolo y Marsias de José de Ribera

Bienvenidos. Tenía delante una hoja en blanco y, pensando en cómo comenzar, mientras buscaba pinturas agradables de paisajes que aportasen positivismo a este artículo por ser el primero, apareció Apolo y Marsias, del pintor español José de Ribera, datado en 1637. No hay mejor forma de empezar que con fuerza, o violencia, podríamos decir, y olvidarnos así de paisajes aburridos y de colores apagados que muestran un otoño idílico, pero incapaces de transmitir sensaciones tan fuertes como las pinceladas de Ribera. Se trata de una pintura que refleja a un ser poderoso (dios mitológico) que destroza, literalmente, al osado (simple mortal), que un día soñó con derrotar a dicha deidad.

Apolo y Marsias de José de Ribera
‘Apolo y Marsias’ de José de Ribera.

Bueno, imaginen la situación: Marsias desafía a Apolo a un concurso de flauta. Si hubiésemos andado por allí, sin duda nos apuntaríamos a asistir al concurso como espectadores o amigos de Marsias, no todos los días se encuentra uno cerca de quien se siente capaz de retar a todo un Dios como Apolo. Seguramente alguno de nosotros comentaría que la cosa iba a terminar mal, pero con cierta ilusión acudimos a tal acontecimiento que, efectivamente, no pudo terminar de peor forma. La escena que refleja Ribera muestra a Apolo desollando a Marsias después de que las musas le otorgasen la victoria al Dios. ¿Qué otra cosa pensaban que iba a ocurrir? Sin embargo, éste no queda conforme con la simple victoria y decide hacer pagar a Marsias su atrevimiento. Los espectadores del fondo, que bien podíamos ser nosotros, observan con horror como nuestro amigo o conocido es desollado vivo, arrebatando cualquier atisbo de protesta ante la dudosa decisión de las musas al otorgar la victoria a Apolo. No podemos sentir otra cosa que miedo. Apolo, confiado, comienza a arrancar la piel de Marsias, quien muestra un sentimiento de dolor atroz y que Ribera coloca mirando al espectador para introducirlo en la cruel escena.

Las musas eran incapaces de decidir un ganador hasta que Apolo, contrariado, introdujo la obligación de cantar y, al tocar él la lira, le resultó fácil vencer a Marsias que tocaba el aulós y le imposibilitaba compaginar el instrumento de viento con el canto. Las musas hablaron: Apolo era el vencedor y Marsias estaba condenado al sufrimiento. La pintura parte de un fragmento del Libro VI de la obra de Las metamorfosis de Ovidio y, además de tener varias versiones, ha sido representada por varios artistas a lo largo de la historia.

'Apolo y Marsias', de José de Ribera.
Las caras de los espectadores reflejan la crueldad de Apolo.

Observen detenidamente la escena, fíjense en el temor e impotencia de los espectadores agazapados de tal manera que casi no aparecen en la pintura. El cielo muestra ira con trazos rojizos y la iluminación lateral marca la musculatura de Apolo y el gesto de Marsias, aquejado de un terrible dolor y que parece suplicar la intervención del espectador. Pero la culpa de todo la tuvo una simple flauta, pero no una cualquiera, sino la flauta de Palas (aulós) que Apolo abandonó porque le afeaba el rostro al soplar y Marsias encontró por desgracia para él.

Isaac Barragán | @isaacbarragan 

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